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Posted by on 3 / 9 / 2015 in Blog, El producto | 1 comment

Vendimia nocturna con Tío Pepe

Vendimia nocturna con Tío Pepe

Cinco y media de la mañana y techo precioso de estrellas. La cita es en la viña La Racha, en el Pago de Macharnudo, camino de Trebujena desde Jerez de la Frontera, propiedad de González Byass. Treinta y nueve vendimiadores llevan desde las dos de la mañana recolectando manualmente los racimos de uva Palomino, que será la que, tras el despalillado manual también, y su posterior prensado, origine el mosto que posteriormente “rociará” las soleras fundacionales del fino Tío Pepe. Cien selectas botas que son la madre de lo que siglos después es uno de los emporios vinícolas más importantes del mundo.

La vendimia nocturna es algo que se viene haciendo desde hace algunos años por aquello de que, a menor temperatura, menor acción enzimática en las uvas y menor oxidación. Aparte de evitar la oxidación de las uvas, las bajas temperaturas de la noche hacen que tanto las máquinas como el personal sufran en menor medida las altas temperaturas que en la campiña jerezana se alcanzan en los meses de agosto y septiembre.

Botas de vino.

La mayor parte de la cosecha se realiza con máquinas. Así, de los quinientos vendimiadores que González Byass llegó a contratar antaño, se ha pasado a unos cien en la actualidad. Estos son los mismos que durante todo el año se encargan de mantener las viñas en perfecto estado, según nos contó Salvador Guimera, director de bodegas de González Byass. Pero existe una excepción a la vendimia a máquina, que es la que precisamente tuvimos la gran suerte de presenciar hace apenas dos semanas. Durante dos días, los vendimiadores cortan a tijera unos de 50.000 kilos de uva, alrededor de 700 kilos de uva por persona y noche, o lo que es lo mismo, mil cuatrocientos tijeretazos. Gran mérito el de esas manos. Los racimos obtenidos de esta forma son despalillados también de forma manual en la mesa de selección. Tal es el cariño que se le tiene a las cien botas originales del Tío Pepe.

Pisamos la tierra albariza, que engaña porque, siendo polvo fino que se levanta a la más mínima, es capaz de guardar la poca humedad que atesora el ambiente nocturno y así mantener verdes y rebosantes de vida unas cepas que no han visto llover desde el pasado mes de marzo. Así, mientras que en otras denominaciones de origen han tenido que adelantar la cosecha a causa de la poca agua que han recibido los campos este año, en el Marco de Jerez se aguanta con una producción constante cosecha tras cosecha. Otra lección de sabiduría natural, de aprovechamiento sabio del medio.

El amanecer nos despide subidos a una loma para mejor catarlo y nos muestra la impresionante estampa de la campiña. Ese sol de Andalucía embotellado que te hace pensar en todas esas manos que obran el milagro del Jerez.

1 Comment

  1. Debió ser una experiencia mágica. Tenemos unos grandes vinos y conocer el proceso que los convierte en algo tan único es impagable. Me están dando ganas de hacer una visita a alguna bodega en estas vacaciones. Acepto recomendaciones.

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