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Posted by on 16 / 4 / 2015 in Blog, Música | 0 comments

Comer con las orejas

 

El psicólogo experimental Charles Spence y sus colegas del Laboratorio de investigación ‘Crossmodal’ de la Universidad de Oxford exploran cómo los cinco sentidos interaccionan entre ellos. Para los que tienen sinestesia, los estímulos sonoros o visuales se experimentan con otro sentido distinto. Se cree que el pintor abstracto Wassily Kandinsky la padecía: oía colores y veía sonidos. Según Spence, no hace falta ser Kandinski para experimentar con estos cruces sensoriales. Su investigación sobre estímulos auditivos y gustativos sugiere que puede haber una relación entre el gusto y la altura del sonido. Los sonidos agudos son asociados con comidas dulces y agrias mientras que los sonidos graves se suelen asociar con sabores amargos y salados. Sus experimentos sugieren que el sabor podría ser alterado dependiendo de lo que se esté oyendo.

Spence ha colaborado con Starbucks en una banda sonora para complementar su café, o con British Airways en la selección de los temas de ‘Sonic Seasoning’, diseñado para mejorar los sabores, como el café acompañado del Nessun Dorma de Placido Domingo

“Si tienes algún tipo de cocina étnica, ya sea india, escocesa, francesa o italiana, si pones a la gente en un ambiente que le pegue -con música francesa de acordeón para el vino francés, música de sitar para una comida india- si te ponen la música adecuada, se incrementará la percepción de autenticidad del tipo de comida que estés comiendo.”

Ademas de haber trabajado con empresas de alimentación, Spence ha colaborado con cocineros, entre ellos Heston Blumenthal. Juntos llevaron a cabo dos experimentos para examinar la influencia de los sonidos ambientales en el gusto. En uno, a los participantes se les dio dos muestras de helado de beicon y huevo que se acompañaban con el sonido de gallinas cloqueando en un corral o con sonidos de beicon friéndose en una sartén. Aunque el helado era el mismo en ambos casos, a los invitados les sabia mas a beicon cuando se lo pusieron con esto y más a huevo acompañado de esto.

En el otro experimento se servían ostras en su media concha presentadas en una cesta y acompañadas de sonidos del mar, mucho más agradable según los comensales que cuando sirvieron las ostras sin su concha, en una placa de Petri y con sonidos de animales de granja. Llegaron a la conclusión de que con el sonido de olas rompiendo, una ostra puede saber hasta un 30% más salada. Esto inspiró a Blumenthal para crear uno de sus platos en su restaurante “The Fat Duck”: el ‘Sound of the Sea’ es un plato con muergos, erizos y ostras con una espuma de marisco, tapioca y arena de panko. Viene presentado con una banda sonora de olas rompiendo que sale de un iPod escondido en una concha, de la que sale el cable con los auriculares.

En otro estudio realizado por Unilever y la Universidad de Manchester, se comprobó que el ruido de fondo puede llegar a enmascarar sabores dulces y salados dependiendo del volumen, esta puede ser una de las razones que explicaría por qué la comida de los aviones sabe tan sosa, aunque parece ser que el zumbido de los motores también puede potenciar la sensación de crujiente.

La música alta puede molestar a algunos, pero puede afectar positivamente las ventas de alcohol. En otro “experimento” llevado a cabo en dos bares diferentes, se comprobó que la gente pedía mas cerveza y se la bebía mas rápido cuando la música era mas rápida y estaba mas alta. Cuando la música estaba mas baja las ventas de bebidas eran también más bajas, se bebía mas lento. Con tempos rápidos la gente se movía más rápido y se gastaba más dinero en cerveza. El tempo musical también tiene un efecto en el ritmo al que se come. Si un restaurante quiere que sus clientes se queden más tiempo, ponen música lenta. Si por el contrario su objetivo es meterte padentro, sacarte pafuera y remontar la mesa, la música rápida ayuda.

Desde mejorar el sabor en la comida de los aviones con maridajes musicales hasta influenciar hábitos alimenticios o la elección de un determinado producto en supermercados por medio de la música y sonidos de fondo, empresas de alimentación, cocineros y publicistas están pegando la oreja.

Pete Brown, autor de varios libros sobre cervezas y pubs, organiza cenas donde las cervezas se maridan con diferentes canciones. La cerveza belga -Duvel, por ejemplo- va bien con el Debaser de losPixies

Chimay Red, por otro lado, va mejor con una mezcla del Clair de Lune de Debussy

y el All Along the Watchtower de Jimi Hendrix.

Yo, siendo de Puerto Real, diría que una copita de manzanilla sabe mejor escuchando el Calle Betis de Pata Negra

, y el pescao frito me lo puedo comer… aunque me este pitando un camión, pero seguramente sepa mejor escuchando al Camaron, por ejemplo.

 

Ha sido una entrada de: Rober Lucas Franco

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