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Posted by on 7 / 4 / 2016 in Blog, Ciencia y tecnología | 4 comments

Mi alimentación cosmonáutica

Si en la entrada de los flatitos veíamos lo que suponía la alimentación cosmonáutica para una pesada digestión, hoy repasamos los dos principales escollos a salvar en el aprovisionamiento de comida espacial: el poco lugar para almacenaje y la duración del viaje, de manera que se necesitan alimentos no perecederos y que ocupen el mínimo espacio posible conteniendo, eso sí, el suficiente aporte energético. Pensemos en las a día de hoy muy frecuentes barritas energéticas. Ese sería un primer ejemplo de lo que la investigación espacial nos hace llegar a la vida diaria.¿Quién no ha tomado Tang de pequeño? Afortunadamente, al menos en España, su uso y disfrute pasó a la historia pero Tang sigue siendo en la actualidad un producto alimenticio de primer orden gracias, en gran parte, a ser utilizada por la NASA en el proyecto de vuelos Gemini en 1965, aunque fuese inventado años antes. Desde entonces se asoció estrechamente con los programas espaciales tripulados de EE.UU., llevando a la idea errónea de que Tang fue inventado para el programa espacial.

Otro campo de investigación que se abrió gracias a la carrera espacial fue el de los alimentos dehidratados y liofilizados. Aunque no es exactamente el mismo proceso, lo que ambas técnicas persiguen es sacar toda el agua posible del alimento y reducir así su volumen manteniendo la mayor parte de sus características nutricionales. La posterior rehidratación para el consumo se lleva a cabo en la propia nave.

Pero sin duda el avance más importante, quizás no tan palpable a nivel doméstico, aunque sí en la gran industria alimentaria, lo dio el APPCC (Análisis de Peligros y Puntos Críticos de Control). Se trata de un sistema preventivo que permite identificar, evaluar y controlar peligros significativos para la inocuidad de los alimentos, y que se ha convertido en el estándar de seguridad alimentaria a nivel mundial. La vida útil de los alimentos en las misiones espaciales debe ser, motivada por la duración de las mismas, de unos 18 meses. Los trabajos hechos en este ámbito por la NASA y la creación del APPCC están dirigidos a garantizar no sólo la cantidad necesaria de nutrientes sino que esta aportación se haga de forma segura, puesto que las consecuencias de un caso de toxiinfección en el espacio difieren de las que se tendrían en condiciones de gravedad.

Una vez que tenemos las provisiones reducidas al mínimo y almacenadas en la estación espacial, llega el momento de comer. Ese es otro capítulo. ¿Cómo se hace uno un bocadillo con dos rebanadas flotando y dos manos para aguantarlas? Falta la tercera mano. Aparte de eso, está el hecho no menos importante de que el pan se deshaga en mijitas y estas floten en ausencia de gravedad, repartiéndose por toda la nave con el consiguiente peligro de introducirse por las rendijas del aire o en alguna ranura de ventilación de la maquinaria. La solución, como vemos en el video, es el uso de tortas de maíz. Las doblas con una mano y metes dentro lo que quieras – o puedas. La clara ventaja de comerse un burrito en el espacio es, como nos cuenta Chris Hathfield, que no se derrama nada, al contrario que en la tierra. De cualquier manera, lo que nos enseña el video es una demostración ya que realmente lo que ocurre es que los cosmonautas, a la hora de comer, van abriendo sucesivamente los distintos paquetes de comida y se los van comiendo sin mezclarlos ya que, de lo contrario, algunos de los ingredientes saldrían flotando.

Otro aparatejo que nos suena, y mucho, es el microondas. Si bien el uso de las microondas para calentar se descubrió de forma fortuita en 1940, fue la NASA la que perfeccionó esta técnología de manera que los alimentos se pudieran calentar en el espacio sin necesidad de usar superficies de contacto calientes y hacerlo así de de forma más rápida y eficiente. En la actualidad rara es la cocina que no tiene un microondas.

Pero si todo esto nos suena a pasado y presente, no es menos escalofriante el futuro inmediato. Lo último que se está probando, tanto en el espacio como en la Tierra son las impresoras de comida en 3D. Se podrán preparar platos al instante con solo decir qué receta se quiere llevar a cabo. Eso espero no estar vivo para verlo, aunque mucho me temo que las primeras que se comercializarán con carácter doméstico saldrán en el 2017.

 

 

En cualquier caso, la pregunta es sencilla. ¿Cuánto se parecen tu cocina y tu alimentación diaria a la alimentación cosmonáutica? Quizás más de lo que piensas. Si eso es así, háztelo mirar.

4 Comments

  1. La NASA también apuesta por el alga spirulina, un complemento alimenticio altamente nutricional que ya estaba en la dieta de los antiguos aztecas. Te animo a buscar información por si debe entrar en tu dieta…

    • No la conocía Inma. Sí he leído que a raíz de las investigaciones de la NASA sobre suplementos alimenticios, la comida de bebés incluye desde hace años aporte a partir de algas. Imagino que será esto. habrá que investigar. Gracias!!

  2. Muy interesante, querido Iñigo, pero poco convincente para adoptarlo como sistema tradicional, jejeje. Un abrazo

    • Benito, el día que consigan llevar puchero allí arriba se habrá dado un gran paso verdaderamente para la Humanidad!

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